Butifarra de perol el origen de todo

La butifarra puede adoptar muchas formas pero pocas explican tan bien el origen de la charcutería catalana como la butifarra de perol. No es la más bonita. Tampoco la más fácil de definir. Pero sí una de las más honestas. Aquí no hay maquillaje. Hay aprovechamiento. Hay proceso. Hay cocina hecha antes de que existieran las prisas.

La butifarra de perol nace del perol. Del caldero grande donde se cuece la carne del cerdo tras la matanza. Lo que queda después. Lo que no entra en otras piezas. Eso se pica. Se condimenta. Se convierte en algo nuevo. Algo con sentido.

La butifarra de perol no es fresca como una blanca ni tan firme como una negra. Es cocida. Untuosa. Irregular. A veces se deshace un poco. Y así debe ser.

Su textura es más blanda porque procede de carne ya cocida. Por eso también se la conoce como carne de perol. Esa mezcla de carnes grasas y magras que salen directamente del caldero.

No hay dos iguales. Cada obrador tiene su punto. Su mezcla. Su forma de entender el equilibrio entre grasa y carne.

Hablar de carne de perol es hablar de memoria culinaria. De una cocina donde no se tiraba nada. Donde cada parte del cerdo tenía un destino claro.

La carne de perol no pretende ser fina. Pretende ser útil. Sabrosa. Sustanciosa. Es la base de la butifarra de perol y también de muchos platos humildes que siguen vivos porque funcionan.

Aquí la grasa no se esconde. Se asume.

En catalán se habla de botifarra del perol. En castellano de butifarra de perol. De nuevo el idioma cambia pero el producto no.

Este embutido es muy local. Muy de mercado. No siempre se encuentra fuera de Cataluña. Y cuando se encuentra suele ser en carnicerías que entienden lo que venden.

No es una butifarra para todos. Es para quien busca algo concreto.

Los butifarra de perol ingredientes no son un secreto pero sí una declaración de intenciones. Carne cocida del cerdo. Grasa. Sal. Pimienta. A veces ajo. Nada más.

Ingrediente

Función

Carne cocida

Base del embutido

Grasa

Textura y sabor

Sal

Conservación

Pimienta

Equilibrio

Ajo

Opcional

No hay colorantes. No hay rellenos raros. Si los hay mala señal.

Aquí conviene aclararlo. La butifarra de perol ya está cocida. Se puede comer tal cual. Fría. A temperatura ambiente. Con pan.

También se puede calentar. Pero poco. Sartén suave. Plancha rápida. Si la tratas como una fresca se rompe. Se seca. Se pierde.

Es un producto delicado en ese sentido.

La butifarra de perol brilla cuando no se la complica.

Elemento

Detalle

Butifarra de perol

En rodajas gruesas

Pan

Rústico

Aceite

Un hilo

Nada más. Funciona siempre.

Ingrediente

Preparación

Carne de perol

Desmenuzada

Ajo

Laminado

Perejil

Al final

Salteado corto. Fuego medio. Plato rápido.

Elemento

Uso

Huevo

Frito

Botifarra del perol

Calentada

Pan

Imprescindible

Yema. Grasa. Pan. Silencio.

El error más común es cocinarla demasiado. Pensar que necesita fuego fuerte. No lo necesita. Otro error es usarla en recetas complejas. Se pierde.

También está el error de esperar una textura firme. No lo es. Y no debe serlo.

La butifarra de perol sigue existiendo porque representa algo que no se ha perdido del todo. La cocina del aprovechamiento. Del respeto al animal. De la lógica.

No es moderna. No pretende serlo. Y eso hoy la hace valiosa.

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